En tales situaciones, la gente suele optar por la vía más radical: negarse por completo a comer. Sin embargo, tal estrategia puede causar graves daños al cuerpo, advirtió Daria Haikina, endocrinólogo y nutricionista en SM-Clinica, en una conversación con Gazeta.Ru.
Según explicó la especialista, el ayuno es un poderoso factor de estrés para el organismo. En los primeros días, el organismo utiliza las reservas de glucógeno acumuladas en el hígado y los músculos.
Junto con ello, también desaparece el agua ligada, lo que crea una sensación de pérdida rápida de peso.
Sin embargo, este efecto es temporal y, al cabo de unos días, el organismo se reorganiza en un modo estricto de ahorro de energía.
«En tal situación, en primer lugar, el metabolismo se ralentiza. El cuerpo percibe el hambre como una señal de condiciones desfavorables, por lo que intenta reducir el gasto energético. Como el metabolismo está directamente relacionado con el gasto energético, su reducción complica considerablemente la pérdida de peso», afirma Haikina.
Otra consecuencia de la inanición es la pérdida de tejido muscular. En condiciones de déficit calórico, el organismo empieza a utilizar todas las fuentes de energía disponibles, y los músculos se convierten en una de las primeras «víctimas», mientras que las reservas de grasa se conservan.
«Como resultado, se forma el llamado efecto yo-yo.
Aunque la persona no vuelva al régimen dietético anterior, el organismo seguirá esforzándose por reponer los recursos perdidos, y el peso volverá a aumentar.
Además, una restricción calórica drástica puede provocar trastornos hormonales: en las mujeres, fallos en el ciclo menstrual; en los hombres, una disminución de los niveles de testosterona. También aumenta el riesgo de problemas en el aparato digestivo, como gastritis y agravamiento de enfermedades estomacales crónicas», advierte el médico.
El especialista subrayó que el deseo de ponerse en forma tras las fiestas es comprensible, pero la forma de hacerlo debe ser segura y razonable. Pasar hambre después de las fiestas de Año Nuevo no resuelve el problema del exceso de peso, sino que sólo crea nuevos riesgos para la salud.
«Reducir el peso corporal no es un sprint, sino un proceso largo que requiere un enfoque medido y profesional. Es importante no castigarse por los excesos festivos, sino cuidar el cuerpo. La salud no es un proyecto a corto plazo, sino un valor para toda la vida», resume Haikina.

